Las “cosas” hablan con tu Smartphone

31 Mar 2014

Las “cosas” hablan con tu Smartphone

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En el Internet de las cosas cuando hablamos de “cosas” nos referimos a cualquier objeto cotidiano con conexión a Internet a través de redes fijas e inalámbricas. La mejor forma de entender este concepto es imaginarse un mundo en el que todos los objetos cotidianos dispongan de una referencia digital, usando una tecnología similar a RFID, y lleven integrados sensores y dispositivos que les permitan  estar conectados a Internet en cualquier momento o lugar para que puedan relacionarse entre ellos, ser monitorizados y controlados de manera inteligente.

En la países desarrollados, el Internet de las Cosas ya es una realidad. El mundo físico y el digital cada vez están más unidos gracias a la reducción del tamaño y del coste de los sensores, a la posibilidad de disponer de una conexión a Internet en todo momento y al desarrollo de las aplicaciones que ponen en uso la gran cantidad de información generada por todos los objetos conectados.

Los campos de aplicación del Internet de las Cosas son muy variados y esto supondrá una gran oportunidad para los fabricantes de todos los sectores y un desafío en particular para los que desarrollamos software para tecnologías móviles. Los Smartphone serán los ojos y los oídos de las aplicaciones y estarán comunicados con el resto de las cosas.

En la actualidad ya estamos viviendo estos cambios. Las zapatillas Nike+ se comunican con nuestro iPod o iPhone y registran el ejercicio que hacemos. En el 2015 los fabricantes de vehículos no recibirán la homologación de la Comisión Europea (CE) si no incorporan a sus nuevos productos un dispositivo, que ante un accidente llame de forma automática al 112 para informar de la localización exacta del vehículo. Sin duda las empresas deben de ser conscientes de estos cambios y admitir que deben evolucionar porque muy pronto sus clientes comenzarán a demandar frigoríficos que les envíen al móvil la lista de alimentos que faltan para que de regreso a casa puedan hacer la compra. Solicitarán inodoros que analicen su orina y envíen los resultados a su dietista para que automáticamente defina y envíe a su frigorífico un listado de los alimentos que deben contener. Resulta intrigante imaginar hasta donde llegaremos, quizás no sea posible utilizar el teletransportador de Star Trek pero cada vez será más habitual realizar tareas como transferir el diseño de una cosa por Internet y después construirla con una impresora tridimensional. Internet de las cosas evolucionará y desde luego acabará incluyendo  a la humanidad porque ya existen aparatos que los hombres llevan incrustados que están conectados con su médico.

Llegados a este punto me pregunto hasta donde llegará la ambición de los hombres y donde fijaremos los límites. Imaginemos que un solo hombre decide implantarse un dispositivo que se puede llevar incrustado en la oreja, que es imperceptible y que le permite escuchar las conversaciones que se producen a su alrededor con total nitidez, además le permite comunicarse con otras personas con mayor facilidad que con un teléfono y por ejemplo estar localizado por la policía en caso de secuestro. ¿Cuanto tiempo tardarán sus competidores en implantarlo para gozar de las mismas ventajas? Pero vayamos más lejos, ¿cuánto tardarán en implantarse otro dispositivo que aporte nuevas ventajas, como por ejemplo, una prótesis en los ojos con funcionalidades similares a Google Glass, que permita grabar todo lo que esta sucediendo en tiempo real?. ¿Donde pondremos los límites? ¿Acabaremos convertidos en “cosas”?

No quiero terminar sin hacer una breve reflexión sobre como afectarán las tecnologías descritas a nuestra intimidad. Hay que ser conscientes que se almacenará, analizará y aprovechará la gran cantidad de información que generen todos los objetos que tengamos conectados y esto debería obligarnos a reforzar las medidas de seguridad y las disposiciones sobre protección de datos con el objetivo de evitar el seguimiento permanente de nuestra actividad diaria.

En esta ocasión, imaginemos que pasaría si David Beckham conectase su nevera o su armario a Internet y utiliza este medio para realizar sus compras. ¿Qué interés tendría para el resto de los mortales saber lo que come a diario o donde compra su ropa este personaje?. Este tipo de información puede resultar mas interesante para muchos mortales que la que almacena el propio Pentágono y por tanto serán muchos los que intenten hacerse con ella.

¿Este temor retrasará la expansión de esta tecnología? Yo creo que a estas alturas la gente estará dispuesta a asumir riesgos. Ya lo hemos hecho con otras tecnologías. Nadie duda de las cámaras que tenemos instaladas en nuestros portátiles o en nuestras casas, guardamos todo tipo de fotos en infinidad de dispositivos, intercambiamos información y transferimos dinero utilizando una red Wifi, etc.

Quizás, si algún día, ocurre algo que nos impacte lo suficiente, la gente se planteará de nuevo todas estas cuestiones.

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