Smart City y Smartphone

30 Abr 2014

Smart City y Smartphone

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Se ha puesto muy de moda añadir el prefijo Smart a todo aquello que nos rodea. Escuchamos con mucha frecuencia términos como Smart TV, Smart Phone, Smart Grids o Smart Buildings. Me parece oportuno hablar ahora de las Smart Cities por la relación que guardan con el tema tratado en el post anterior, Internet de las Cosas. Ambos van de la mano, ya que las Smart Cities utilizan el poder de Internet para conectar personas, edificios, coches, electrodomésticos, los contadores y en general todo aquello que se haya de gestionar o controlar.

Empezaré por definir este concepto y por detallar cuales son las características de una Smart City para terminar aclarando que necesita tu ciudad para transformarse en una Ciudad Inteligente.

Una Smart City (en castellano Ciudad Inteligente) es una ciudad que de un modo planificado y eficiente usa la tecnología existente en cada momento para crear o renovar sus infraestructuras y los servicios que ofrece, con el fin de mejorar la calidad de vida de sus habitantes, el desarrollo del municipio, la productividad del sector empresarial y su sostenibilidad ambiental.

Son ciudades comprometidas con su entorno, tanto desde el punto de vista medioambiental como en lo relativo a los elementos culturales e históricos y que interactúan con sus habitantes para tratar de mejorar la eficiencia de sus servicios.

Los ayuntamientos bajo el lema de Smart City suelen llevar a cabo proyectos que tienen que ver sobre todo con la movilidad urbana, la eficiencia energética y en general, la gestión sostenible de los recursos, la gestión de las infraestructuras de la ciudad, el gobierno participativo y la seguridad pública así como proyectos relacionados con las áreas de salud, educación y cultura.

Una Smart City debe promover la participación ciudadana y facilitar todos los medios posibles para que estos puedan implicarse en el mantenimiento de la calidad del entorno. No basta con implantar sensores en la ciudad que controlen, por ejemplo, la luminosidad del alumbrado público para lograr un ahorro energético. Lo idóneo sería que esta solución se complementara con una App que mostrase información que permitiese a los ciudadanos percibir que ahorro supone la inversión realizada en determinados puntos de la ciudad y si ésta por alguna razón es mejorable que el usuario pueda utilizar la aplicación para generar un aviso comunicando la localización de la incidencia al sistema para que la solución pueda mejorarse.

Hay muchas otras alternativas que los organismos públicos podrían tener en cuenta para conseguir una participación más activa por parte de la ciudadanía. Por ejemplo, el uso de plataformas de software abiertas facilitaría que se produzcan mejoras por parte de una comunidad interesada en participar en este proceso, como ocurre con el software libre (Open Source) y evitaría depender tanto de las empresas que proveen soluciones propietarias. Otra iniciativa sería promover la filosofía de Open Data. En las administraciones públicas se almacena y gestiona una enorme cantidad datos, de diferentes tipologías, como pueden ser datos relacionados con información geográfica, turística, sobre transporte o económica. En muchos casos, si se publicasen a través de portales online esta información podría ser utilizada libremente por los ciudadanos y las empresas para aportar nuevos beneficios sociales.

Este tipo de entornos contribuyen además a que la gestión municipal se perciba más transparente y a que los ciudadanos se sientan parte de la solución.

También la tecnología puede ayudar a crear una sociedad verdaderamente más participativa. Concretamente los dispositivos móviles, como los Smartphones, tablets o incluso teléfonos básicos pueden proporcionar a los ciudadanos un medio para comunicarse con otros aparatos integrados en la ciudad y al mismo tiempo un canal para notificar a los gestores de los espacios urbanos un feedback adecuado que les facilite la toma de decisiones con la información que se genera. En definitiva, un modo más de acercar la administración al ciudadano y viceversa.

Las aplicaciones que actualmente existen, destinadas a facilitar la vida en las ciudades son numerosas y las posibilidades que ofrece esta tecnología son inimaginables: saber cuál es el estado del tráfico o donde podemos aparcar, saber en que momento exacto llegará el autobús o alquilar bicicletas, localizar rutas turísticas o monumentos, averiguar la ocupación de los hoteles o reportar incidencias son algunas de las gestiones que nos permite realizar la tecnología móvil.

Pero para dar el paso de una gestión tradicional a una inteligente no podemos centrarnos solo en la tecnología, hay poner el foco también en otras cosas. De hecho, la tecnología es un instrumento que hay que aplicar con sumo cuidado, no sea que las soluciones que estemos respaldando no sean mas que nimiedades, que resuelven problemas inexistentes o compliquen todavía más las cosas de lo que están. No tiene ningún sentido implementar grandes soluciones tecnológicas si no están enmarcadas en un plan en el que encajen y con unos claros objetivos a los que contribuir. Es por esto que a veces se acusa al termino Smart de ser banal, igual que hace tiempo lo fue sostenible o verde.

Por tanto es necesario un plan, una visión integral que implique todos los ámbitos de actuación municipal de manera transversal y una transformación de esta envergadura requiere tiempo y no ha de hacerse de golpe, es un proyecto escalable, modulable e insertable de forma progresiva.

No será sencillo implantar un transformación de esta envergadura en un contexto de restricciones presupuestarias como el que se está viviendo y será un reto muy difícil porque la mayor parte de los ayuntamientos no tienen medios técnicos ni humanos para hacerlo realidad. Sin embargo, el cambio será inevitable, ya que la población se concentra cada vez más en las ciudades y perciben el modelo actual como obsoleto. No ven lógico que para realizar una gestión haya que recorrer varias ventanillas o sumergirse en una página web durante horas. Las presiones ciudadanas y las institucionales, ya que Europa demanda la implantación de medidas que mejoren los problemas que inevitablemente genera la concentración urbana, favorecerán los cambios.

Para terminar, aunque a estas alturas del artículo parezca una perogrullada afirmar que NO EXISTEN CIUDADES INTELIGENTES, voy a arriesgarme y aclarar que lo que hace inteligentes a las ciudades son las personas. Todos debemos participar en este proceso de cambio, pero necesitaremos líderes municipales que se impliquen, que planifiquen una hoja de ruta para que de forma progresiva se vayan produciendo estos cambios. Ellos tendrán que dar el impulso imprescindible para la efectiva implementación de un modelo SMART.

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